Review on Matsuev's Concert in the International Music Festival of Canary Islands

January 16 2016

Con un auditorio casi lleno (¿cuándo podremos prescindir del "casi" en conciertos como este?) subieron a escena los filarmónicos londinenses y dió comienzo el Concierto para piano núm. 3, de Rachmaninov. En el podio, el director colombiano Andrés Orozco-Estrada, que ya visitó Las Palmas hace un par de años para dirigir la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, dejando muy buen sabor de boca a la afición local. 

En el Allegro ma non tanto, el pianista ruso Denis Matsuev exhibió con soltura y aplomo su total dominio de la partitura y sus dotes de extremo virtuosismo, vehemente y apasionado, a la vez que delicado en los pasajes más líricos. La batuta de Orozco-Estrada desarrolló todo el melancólico melodismo de este movimiento envolviendo y dialogando con el piano siempre en plena sintonía con el solista. 

El Intermezzo: adagio se expuso con exultante y pletórico lirismo y en el piano se mostró una pulsación enérgica y precisa, manteniendo un fluido diálogo con la masa orquestal. El enérgico y vitalista Finale: alla breve resultó apoteósico y embriagador, como ya se intuía. Sin embargo, el espectáculo pianístico no terminó aquí: Matsuev deleitó al auditorio con una minimalista y delicada melodía de caja de música, algo que resultó ser una estrategia para relajar al público, ya que el solista siberiano se sentó nuevamente al piano para tocar una improvisación jazzística donde desplegó un virtuosismo arrollador y con el que, literalmente, parecía "comerse" el piano, y tras lo que los aplausos ya se transformaron en griterío. Matsuev, definitivamente, demostró completar su calidad técnica con un dominio comunicativo, metiéndose a la audiencia en el bolsillo. Resulta fácil imaginar como Matsuev se convirtió en la sensación de la noche.

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